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“Comencé a ver debajo de la máscara de la apariencia física. Vi emociones, temores, anhelos y sueños. También estos son parte de una persona si se tienen los ojos para apreciarlos. Para entonces, el conjunto físico de carne y huesos había pasado a ser casi insignificante para mi, y al poco tiempo veía mundos dentro de mundos con todas las personas con quienes me encontraba. Entonces me di cuenta de que todo ser vivo es el universo entero, solo que cada vez lleva un disfraz diferente.” Deepak Chopra Desde los tiempos más remotos la elección de la ropa con la que cubrir el cuerpo ha marcado la personalidad de cada individuo, pero también se ha utilizado para ocultar rasgos de debilidad, aparentar, o simplemente comunicar con un vistazo lo que somos y a lo que nos dedicamos. Este es el caso de los pequeños monjes de Amarapura en Birmania, todos visten con el Thin Kan – manto -, y llevan el pelo rapado al cero, pero esto no significa que su personalidad y sus actitudes sean iguales. La máscara o disfraz que la religión obliga a vestir a los monjes de Amarapura no es lo suficiente hermético para ocultar el universo interior de estos niños cuando te acercas a ellos. En este trabajo presentado por Miguel Ángel Santos es lo que muestran sus fotografías, el universo interior de unos niños dedicados por completo a su religión, pero que no dejan tampoco en ningún momento de ser niños, un equilibrio entre lo trascendental y lo banal. Hay una fotografía de Santos que podría ser perfectamente el resumen de todo, que es la que muestra un momento del baño en el río y están en primer plano todos los mantos de los monjes en la orilla y los niños jugando dentro del agua, aquí se ve claramente la intencionalidad del autor al contarnos de una manera sencilla como se comportan realmente los niños cuando dejan la máscara o disfraz en la orilla. Eduardo Margareto |
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