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En un viaje por San Fernando Valley, el fotógrafo norteamericano Larry Sultan descubrió que algunas casas de los alrededores se alquilaban durante unos días para ser utilizadas como decorado para películas porno. Fascinado por esta práctica, emprendió su actual trabajo, The Valley, una serie compuesta por cincuenta y tres fotografías tomadas a desde 1999. El trabajo no debe ser visto como una reflexión moral o sociológica sobre la pornografía, sino como una investigación sobre el significado de conceptos como: casa, trabajo, domesticidad o “zona residencial” cuando se utilizan como fondo “cargado de connotaciones” en películas X. De hecho, estas fotos no muestran nunca los actos sexuales sino la arquitectura circundante y las actividades más banales de los actores y el equipo fuera de cámara. Lo más sorprendente de The Valley es descubrir por qué el ideal de domesticidad de clase media americana se presta a esta significativa forma de apropiacionismo por el cine porno. La “glamorosa” iluminación de los escenarios no puede ocultar la vulgaridad de estas casas, con sus adornitos y sus televisores de pantalla gigante, sus grabados kitsch y su mobiliario a juego para el salón-comedor. ¿Qué hay en estas casas de clase media que las convierte en el escenario apropiado para las fantasías sexuales proyectadas? Las fotografías de Sultan negocian la frontera entre ficción y realidad, entre “mascarada erótica” y documento sociológico. Son asimismo un interrogante sobre el propio medio fotográfico. Muestran cómo la fotografía puede crear una fantasía y a continuación, desmantelarla. Sultan saca provecho de la seductora iluminación cinematográfica, pero también revela los bordes desgastados del decorado y el aburrimiento que esconden los personajes… Incluso las estrellas porno, sexualmente desinhibidas, parecen menos exóticas y más familiares cuando las vemos entre tomas, aguardando a ser maquilladas o esperando instrucciones del director. Los retratos contemplativos de Sultan le quitan la máscara a la industria del cine porno y revelan a los actores que se esconden detrás de los personajes de la película, en honestos momentos fuera de plano en los que sienten aburrimiento, hambre, hastío o fatiga. En última instancia, al mostrar los lugares donde la ilusión se desintegra, Sultan llama nuestra atención sobre el propio acto de mirar recordándonos nuestro estatus como observadores o intrusos. |
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