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Todas sus fotografías están pobladas de extrañas criaturas que basculan entre lo humano, lo post-humano y lo trans-histórico, situadas en ambientes un tanto anómalos que, inevitablemente, nos hacen recordar la también asfixiante y opresiva atmósfera conseguida por David Lynch en filmes como Erasehead aunque otras veces se aproximen de un modo irónico a la estética publicitaria. El grueso de su trabajo está configurado por sus autorretratos dobles en los que adopta una gran variedad de personalidades mediante diferentes disfraces, maquillajes y prótesis que transmiten por igual seductora atracción -por la sensualidad pictorialista con la que están resueltos- como malestar, e inquietud. Las ambiguas situaciones que se recrean en cada fotografía aluden a cuestiones como la identidad y el trans-género como a lo siniestro cotidiano y obsesiones freudianas... a lo grotesco, a lo monstruoso y al miedo a los avances de la ciencia. Janieta Eyre se define como un ser que vive permanentemente detrás de su ojo izquierdo. “Es el ojo que ve peor y por ello es más sensible a lo oculto de las cosas, al mundo fantasmal, al mundo de los muertos...” Todas sus composiciones tienen un trabajo muy meticuloso –casi cinemático, desarrollado en series como Rehearsal (1994), Reincarnation (1997), Lady Lazarus (1999), Lost Persons, o Motherhood (2002) –todas ellas presentes en esta exposición, que ponen su obra en relación con artistas como Cindy Sherman o Laurie Simmons. En sus composiciones encontramos reminiscencias a la pintura barroca y victoriana donde cobra suma importancia el tratamiento de la luz, que le ayuda a aseverar el tono dramático y angustioso de sus imágenes. Estos recursos se amplifican en sus más recientes películas: Natural History Museum (2002) y So Now We Understand Each Other (2003) que también se verán en esta muestra. |
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